Sección Mamá

Inicio » Sección Mamá
EXPERTAS EN BEBÉS Y MAMÁS

 

Desde Paz y Mar, os ofrecemos un servicio por parte de expertos con un toque personal y delicado. Nuestra oferta está dirigida tanto a madres primerizas como a madres experimentadas.

Os podemos ofrecer ayuda en:

  • Atención diaria y seguimiento del progreso del bebé.
  • Ayuda en la lactancia
  • Ayuda en la higiene
  • Apoyo anímico, aportando consejos y ayudando a establecer prioridades en los momentos en los que las circunstancias desborden a la madre.
  • Gabinete ESTÉTICO para tu bebé… Perforación de orejas y métodos correctores de orejas de soplillo.

FISURA ANAL

Una pequeña herida en el ano de los niños es la causa más frecuente de las deposiciones con sangrado que tanto asustan a los padres. Suele ser, sin embargo, un problema menor que se cura una dieta rica en fibra.

Heces duras, es la principal causa

El principal síntoma de la fisura suele ser un dolor intenso que provoca el llanto del niño durante la defecación. Pero a veces, en los lactantes pequeños, la herida (grieta en la mucosa del recto) no produce un dolor intenso y el síntoma que nos alerta de ello es la sangre en las heces acompañada de irritabilidad en el bebé.

Se trata de un problema menor que puede alterar el confort del niño si no se diagnostica rápidamente. Se da con mayor frecuencia en niños y niñas entre los 6 y los 24 meses de vida, aunque puede aparecer a cualquier edad. Normalmente se debe al paso por el canal anal de heces voluminosas y duras, que dañan la mucosa y provocan la fisura. En la mayoría de los casos, las heces se han endurecido porque en la dieta del niño hay déficit de fibra y de agua. Es decir, el niño come poca fruta y verdura de las que debería. Debemos darle 5 raciones a la semana; 2 raciones a la semana de legumbres; y 5 raciones de hortalizas a la semana. Este endurecimiento de las heces provoca que el vaciado del intestino se haga cada vez más tarde y con mayor dificultad, con aparición de dolor previo y durante la defecación.

Combatir el estreñimiento

La lactancia materna es la mejor prevención, favorece movimientos intestinales y evita el estreñimiento, así como su consecuencia en forma de fisura. En los niños mayores de 6 meses, la prevención se hace con las pautas de alimentación indicadas, así como la actividad física en los más mayores. Si ya ha aparecido la fisura anal en el menor de 6 meses con lactancia artificial, puede tomar leche antiestreñimiento y ocasionalmente laxante, si su pediatra lo indica. Con lactancia materna es raro el estreñimiento, pero si lo tiene y es la causa de una fisura anal, también se puede utilizar laxante suave.

En la mayoría de los casos, a partir de los 6 meses, el aporte extra de fibra que supone la introducción de las frutas y verduras mejorará sus deposiciones.

En un niño mayor es importante crear un clima adecuado para que pueda defecar respetando su privacidad y dándole tiempo para que lo haga.

En los casos menos frecuentes en los que se asocia una fisura anal a la diarrea, la curación de la fisura se favorece manteniendo la zona ano genital limpia y seca.

Tratamiento de las fisuras prolongadas

Si la fisura dura más de seis a ocho semanas y se ha descartado una causa diferente a la mala dieta, el médico puede tratarlo utilizando medicamentos tópicos basados en la nitroglicerina, que disminuye el espasmo del esfínter anal, pero tienen efectos secundarios, sobretodo en forma de cefaleas intensas; y todavía hay poca experiencia médica en niños.

Otro recurso es la cirugía, que permite seccionar las fibras del esfínter y disminuir su espasmo y, por tanto, el dolor. Las dilataciones anales, una medida que se había practicado hace años, se va abandonando por ser menos efectivas y un riesgo mayor de recaídas.

Siempre hay que evitar la cronificación de la fisura, normalmente se puede curar en semanas si se trata; pero, si no, la tendencia es a infectarse. Produce mucho dolor y el niño recae en un círculo vicioso al no querer defecar.

La retención de heces producen infecciones intestinales o de vías urinarias.

REACCIÓN VACUNAL

Las vacunas inducen la inmunidad del niño por medio de una reacción de su sistema inmune. Son una medida de prevención básica en la salud, pero en ocasiones tienen efectos secundarios, casi siempre leves, o pueden generar efectos emocionales.

Causas de las reacciones

Las reacciones que pueden provocar las vacunas se dividen en función de su causa: reacciones inducidas por la vacunación (también las reacciones alérgicas), reacciones debidas a errores de programa (durante el almacenamiento, manipulación o administración de la vacuna), y reacciones de causa desconocida.

Las reacciones por vacunación pueden ser locales o sistémicas, y estas últimas, a su vez, pueden ser comunes o raras. Los efectos secundarios comunes, ya sean locales o sistémicas, suelen ser leves o moderadas y sin secuelas permanentes. Las reacciones locales comunes, que ocurren en un porcentaje más o menos alto en todas las vacunas, son dolor en la zona de administración, tumefacción y enrojecimiento, e induración (dureza en la zona).

En algunas vacunas como la antigua DTP (difteria, tétanos, tosferina) esta reacción afecta al 50% de los casos. La reacción local menos frecuente es la aparición de un nódulo subcutáneo que puede persistir semanas y que está relacionado con los componentes de algunas vacunas, como el aluminio. Las reacciones sistémicas se manifiestan con fiebre ,irritabilidad y malestar general (vómitos, cefalea, dolor articular, erupción cutánea). Estas reacciones ocurren de forma variable desde un 2-5% hasta en un 60% de los casos, como la vacuna DTP.

Algunas reacciones pueden ser más importantes, pero también mucho menos frecuentes, como es el caso de las convulsiones o la anafilaxia (reacción alérgica grave) que puede comprometer la vida. Este tipo de reacción a la vacuna contraindica la administración de dosis posteriores.

Situaciones que hay que prevenir

A veces ocurren reacciones no previstas debido a una inyección en el lugar erróneo. Por ejemplo, debería inyectarse en el interior del músculo, (intramuscular), pero si se deja más superficial (subcutánea), la reacción local es mucho mayor. Estas situaciones se pueden prevenir mediante una adecuada sujeción del niño mientras se vacuna. Si está mamando resulta más sencillo por la misma posición del bebé. Este tipo de reacciones se dan también cuando el transporte y almacenaje de la vacuna no se ha controlado: si ha estado congelada, la vacuna resulta ineficaz y la reacción local es mucho mayor. Y puede ocurrir, así mismo, si se prepara con un líquido inadecuado o diferente por error.

La edad de vacunación

El momento se establece por la edad de mayor riesgo de contraer la enfermedad, cuando ya no le queden al bebé los anticuerpos o defensas contra la enfermedad que la madre le hubiera transmitido por el cordón umbilical y cuando el riesgo de complicaciones sea menor. Así, la vacuna triple vírica se administra al año de vida; la antigripal, nunca antes de los 6 meses, y la vacuna para la difteria y tosferina completas no se da a los mayores de 7 años.

¿Cuándo acudir al médico?

Si el niño muestra una reacción local hay que aplicarle hielo en la zona de induración o hinchazón. Se le puede dar un analgésico o antiinflamatorio oral y estar atentos a su evolución.

Acudir a urgencias si la fiebre es alta, existe afectación general.